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7 de Marzo de 2007

Luis XV Bien amado

Transcripción automática

0:00:00 Es un episodio entre Luis XV y su amante y favorita Madame Dívaldi.
0:00:09 Ubiquemos en Francia en el año 1770, por favor.
0:00:13 Por entonces el rey era Luis XV y su favorita Madame Dívaldi.
0:00:19 Desde Austria, había llegado ya a la corte, la delfina María Antonieta,
0:00:27 que como sabemos estaba prometida al principio que pocos años después sería Luis XVI.
0:00:35 Es decir, ando jóvenes que estaban ya comprometidas.
0:00:39 Pero el rey todavía seguía siendo Luis XV.
0:00:43 Dicen que Luis XV en ese entonces estaba agotado por toda clase de excesos,
0:00:51 por los excesos que había cometido él, no por otros.
0:00:55 Y ya no poseía el ardor que antes había complacido tanto a las damas.
0:01:00 A veces sufría unos cansancios que ni los mejores afrodicía con rolón podían disipar.
0:01:10 Madame Dívaldi, que tenía un temperamento exigente, por no decir otra cosa,
0:01:15 ordenaba a los cocineros que prepararan unos platos que según pensaba ella, iban a favorecer mucho al rey.
0:01:24 Y dice el cronista que a veces ella misma hacía las minutas.
0:01:29 Y le encajaba a Luis unas trufas, unos pimientos morrones, unas yemas de huevo con cognac, unas alcachofas, unos alcauciles.
0:01:43 Las virtudes eróticas del alcaucil eran famosas en el siglo XVIII.
0:01:50 Incluso muchos muchachos no se atrevían a probar la alcachofa por temor a cometer abusos.
0:01:57 ¿Qué hará? ¿Se ponía como loco?
0:01:58 La voy a parar con la alcachofa porque después quien me sujeta.
0:02:02 Adelante, Quiles.
0:02:07 Buenas, Luis.
0:02:09 Fíjese, llega justo porque estábamos hablando de Luis XV y como su amante Madame Dívaldi,
0:02:17 siendo que el hombre estaba bastante bicho go, le daba unos platos que a ella le parecía que eran afrodisíneas.
0:02:24 Especialmente la alcaucil cuyas virtudes eróticas todos conocen.
0:02:31 Parece que los vendedores de alcauciles los ofrecian con pregones subidos de tono.
0:02:38 ¿E helm, alcaucil?
0:02:40 Alcaucil, alcaucilete.
0:02:44 Bueno, los tipos se mandaban a comprar alcaucil por otros.
0:02:50 Sí, claro, porque daba alcaucil, obviamente era mirado en ciertas ornas.
0:02:54 Ah, le decía me.
0:02:55 Se anda a comprarme, eh.
0:02:56 Quiere alcaucil.
0:02:57 Por favor, medio kilo de alcauciles.
0:03:00 Bueno, esta comida no daba muy buenos resultados, vamos a decirlo de una vez.
0:03:04 Y muchas veces Luis XV iba a costarse bañado y sin fiesta.
0:03:10 Al poco tiempo, Madame Dibarris empezó a andar con uno.
0:03:15 Empezó a andar con un tal daguillón que tenía cargo en la dirección de los asuntos extranjeros.
0:03:21 María Antonieta, que ya hemos dicho, era la prometida del...
0:03:26 De Algemón.
0:03:27 Del Defín, el príncipe, odiaba Madame Dibarris, la amante del rey.
0:03:33 No se aportaba que en la corte estuviera tan bien aceptada.
0:03:36 Aquí esa situación odiaba la institución, María Antonieta.
0:03:40 La institución de la favorita que también aceptaba la corte francesa.
0:03:44 María Antonieta era de la casa de Austria, era austríaca.
0:03:48 E iba a ser reina.
0:03:50 Y no estaba muy a gusto con la idea de que su esposo pudiera engañarla en forma casi ilegal.
0:03:58 Casi legal.
0:04:00 No casi ilegal.
0:04:02 Pero más allá de esto, María Antonieta no podía soportar que la Dibarris, que tenía el privilegio de estar junto al rey,
0:04:10 lo engañara al rey con aquel tal daguillón.
0:04:13 Eso ya era demasiado para María Antonieta.
0:04:17 La cosa no terminaba ahí.
0:04:19 Además de odiarla por favorita y por infiel, parece ser que la Dibarris era anti-austríaca.
0:04:24 Era un nuevo motivo de odio para María Antonieta.
0:04:28 Y la Dibarris era anti-austríaca, a tal punto, que hizo que el aguilón descuidara el nombramiento de un embajador en la corte de Vienna.
0:04:38 No había embajador en Vienna.
0:04:40 La indignación de María Antonieta se perfiló de un modo subtil.
0:04:45 Decidió, redondamente, ignorar la existencia de madame Dibarris en la corte.
0:04:50 Ese más allá no era salón.
0:04:53 Así en los salones, en los pasillos, jamás le dirigía ni una mirada.
0:04:59 Cuando la favorita trataba de atraer su atención con una frase pícara,
0:05:05 con una adivinanza, adiviná que es esto, o con una risa, María Antonieta miraba al techo.
0:05:14 Pior sería que se pusiera los dedos en los oídos y le dara, ¡oh, no te oigo, no te oigo!
0:05:22 Incluso llegó a estar María Antonieta junto al delfín, a su novio, a los 16,
0:05:29 a pocos pasos de la Dibarris y entregándose unos manoseos eróticos, como si estuviesen solos.
0:05:38 Estaba con ella el futuro rey y se empezó a manosearlo como si no hubiera nadie,
0:05:45 como para hacerle sentir que era lo mismo que ella no estuviera.
0:05:50 Ahora, esta indiferencia molestó muchísimo a madame Dibarris.
0:05:55 La favorita fue a buscar al rey y le dijo, ¡che, mirad!
0:05:59 Acá está la novia de tu hijo, esa María Antonieta, que no me habla, no me dice nada, me ignora.
0:06:09 Me veo ridiculizada diariamente, dijo, y debéis obligar a esa pequeña pelirroja a que me dirija la palabra.
0:06:17 En realidad no era pelirroja, esa era otra calumnia.
0:06:20 En aquel tiempo las pelirrojas no estaban de moda en absoluto y sí las rubias.
0:06:24 María Antonieta era rubia, pero para denigrarla la Dibarris le decía pelirroja.
0:06:30 El caso es que el rey también se indignó por esta actitud de su favorita y prometió a María Antonieta que le iba a ayudar.
0:06:41 Al revés, ¿no? Por esta actitud de María Antonieta y prometió a su favorita que le iba a ayudar.
0:06:46 Y en verdad, para una favorita siempre aterrible que no se la reconociera como tal,
0:06:51 el acceso a la cama real convertía a la favorita en una especie de reino oscura que solo se legitimaba con la aceptación de los demás.
0:07:03 Como tantas cosas que solamente se legitiman cuando hay un reconocimiento.
0:07:08 Muy bien, dice Cronesta, vamos adelante.
0:07:16 Para lograr que María Antonieta le diera bolilla a Madame Dibarris, Luis XV le dijo a un funcionario.
0:07:23 Eso es que había por ahí, le dijo, mirá, hermano, hay que tratar de que Madame la delpina trate a las personas de la corte con la misma diferencia.
0:07:31 Y son planteos generales.
0:07:34 No le dijo, anda a decirle a María Antonieta que trate bien a la Dibarris, que se acuesta conmigo, no le dijo.
0:07:40 Pero Madame Dibarris se presentó ante el mismo funcionario y le dijo, mire, aquí no venga con generalizaciones.
0:07:47 Se trata de que María Antonieta me dirija la palabra por lo menos una vez.
0:07:51 Usted haga que me dirija la palabra una vez y yo ya me daré por cumplir.
0:07:56 Muy bien, funcionario, se comprometió a intentarlo y fue a buscar a María Antonieta.
0:08:01 Le dijo, mire, ¿por qué no le habla aunque sea una vez que sí yo?
0:08:05 Y la delpina dijo, nunca hablaré con esa mujer.
0:08:09 El funcionario desconsolado le explicó a María Antonieta que si sostenía su indiferencia, la ira de las favoritas crecería
0:08:18 y eso podía llevar al rey a tensar las relaciones con Austria.
0:08:22 Pero los argumentos no hicieron efecto.
0:08:24 Al día siguiente, María Antonieta pasó por delante de la Dibarris con la boca cerrada así como Jorge Luz.
0:08:34 Los amigos de la Dibarris y hasta funcionarios austrígos ya no sabían qué inventar para que María Antonieta le hablara.
0:08:43 Armaban encuentros supuestamente casuales y llevaban a la delpina a situaciones protocolares
0:08:50 en las que ineludiblemente debía saludar aquella dama que era tan importante para el rey, pero nada.
0:08:58 María Antonieta seguía ignorando y despreciando a Mada.
0:09:02 Pero mientras esto ocurría, algo sucedió al este de Europa que hizo que las cosas cambiaran.
0:09:10 Catalina de Rusia, Federico de Prussia y María Teresa de Austria, la mamá de María Antonieta,
0:09:16 estaban, después de algunas invasiones, por repartirse Polonia.
0:09:22 Ahí andaban los Asburgo, los Ogensoller y los Romanov repartiéndose Polonia.
0:09:30 María Teresa de Austria estaba un poco preocupada, la mamá de María Antonieta.
0:09:35 Sabía lo que estaba pasando entre su hija y la favorita del rey
0:09:39 y eso complicaba sus intenciones de agarrar un pedazo de Polonia.
0:09:44 Sucería que Francia, a través de Luis XV, tenía buenas relaciones con Barsovia
0:09:49 y si seguía aquel maltrato a la favorita por parte de María Antonieta,
0:09:53 era probable que la diva rey convenciera al rey entre Caricia y Caricia,
0:09:58 yo como son estas cosas, de que defendiera Polonia en contra de los austríacos.
0:10:03 Quiere decir que María Antonieta no estaba haciendo un buen papel diplomático en París.
0:10:08 Fue entonces cuando para poder tomar su parte en el territorio polaco,
0:10:12 María Teresa, la mamá de María Antonieta, hizo lo siguiente.
0:10:16 Resolvió comprar la neutralidad y el silencio del rey de Francia,
0:10:21 obligando a su hija a mostrarse amable con Madanty Barbuel.
0:10:25 Así que María Antonieta recibió de su madre esta curiosa carta.
0:10:30 ¿Cuál esta?
0:10:33 ¿La tiene ahí?
0:10:37 Sí, que se cree que estoy pegado.
0:10:40 Sáquela por eso, lea la.
0:10:43 La carta decía,
0:10:46 una palabra sobre el vestido, sobre una vagatela,
0:10:50 que te cuesta.
0:10:53 Debéis dar el ejemplo y acatar los deseos de vuestro rey.
0:10:57 Si os exigiese humillación, ni yo ni nadie os aconcijaríamos de esta forma,
0:11:01 pero una frase banal, alguna mirada,
0:11:05 no por la dama sino por vuestro país, firmado mamá.
0:11:14 María Antonieta, que era estupefacta, no estaba acostumbrada a que su virtuosa madre
0:11:19 le aconsejara dirigir la palabra a una mujer viciosa.
0:11:23 Pero se habló.
0:11:26 Y el 1 de enero de 1772,
0:11:29 durante una recepción, se aproximó María Antonieta a la diva Ri
0:11:34 y le dijo, ¿cuánta gente?
0:11:45 Bueno, parís bien male una mija.
0:11:48 El efecto causado por estas palabras fue extraordinario.
0:11:52 La corte se revolucionó. Todos corrieron como ratones asustados.
0:11:56 Muchos partieron a Igalope para anunciar el cruce en otros departamentos.
0:12:00 Luis XV, loco de alegría,
0:12:03 abrazó a María Antonieta con efusión.
0:12:06 Los correos informaban a Europa entera acerca del acontecimiento.
0:12:10 Madán de Ibarri había triunfado.
0:12:13 Luis XV, tranquilo, junto a la que amaba,
0:12:16 ya desentendió de los problemas ajenos
0:12:19 para que no les prestó mayor interés al asunto polaco.
0:12:22 Algunos dicen que supo de la mediación de María Teresa
0:12:25 y, según el cronista, el rey profundamente conmovido
0:12:28 por la habilidad del emperatriz, dejó que Austria obrase a su antojo.
0:12:33 Además, Madán de Ibarri, reconocida al fin,
0:12:37 dejó de hablar mal de Viena en leicatre del rey.
0:12:41 Poco después, María Teresa de Austria se apoderó
0:12:45 en algunas regiones en donde vivían 2,5 millones de polacos.
0:12:49 Las malas relaciones entre la Ibarri y María Antonieta
0:12:53 volvieron a detonarse, pero esta ya es otra historia.
0:12:57 El episodio termina aquí, pero...
0:13:01 hay que decir que, enseguida,
0:13:06 cuando Luis XV se murió, a la Ibarri le fue mal.
0:13:11 Le fue mal porque quedó desprotegida.
0:13:15 Y, además, su enemiga ya no era la delfina, sino que era la reina.
0:13:19 Y ella ya no era la favorita del rey, sino que era nadie.
0:13:23 Así que, como todos ustedes ya habrán ido conjeturando,
0:13:28 les piantaron del palacio a la Ibarri, le dieron el desalojo,
0:13:35 y chau. Después, a todos, le fue mal.
0:13:38 Muy poco después, no?
0:13:41 También le fue muy mal a María Antonieta, a Luis XVI,
0:13:45 y a la monarquía cuando cacieron las muchachas.
0:13:49 Así quiere.
0:13:51 ¿A quién quiere dedicar esta historia?
0:13:53 Bueno, si viene lejos estoy del espíritu monarquico Alejandro,
0:13:56 déjenme dedicar a Luis XVI y a María Antonieta,
0:13:59 que no fueron ni cerca los peores reyes de Francia.
0:14:02 Les tocó esa parte de la historia.
0:14:05 Es bastante mejor que la mayoría de los que había antes ese día.
0:14:09 Déjenme dedicar también esto a Lacan, que también te horizó,
0:14:13 lo importante que es el reconocimiento del otro para tener cierto lugar.
0:14:18 Y esto me hace preguntar, Alejandro, si esta mujer, la Duarri,
0:14:23 amaría realmente al rey, porque me parece que cuando no estará amorado
0:14:26 el reconocimiento que importa es el reconocimiento del que amamos.
0:14:29 Y ella le interesaba a otro reconocimiento,
0:14:32 hace pensar que más le importaba el lugar que el amor del rey.
0:14:38 Yo se lo dedico a ofendedores de Alcauciles.
0:14:42 Ya lo entrego.
0:14:44 Y aquellas personas que en aquel tiempo creían que el exceso de actividad veneria perjudicaba.
0:14:51 No como ahora que se sabe muy bien que...
0:14:54 Que saludable.
0:14:58 Hay gente que le dice que el amor de colación
0:15:05 y comer espinaca no sabe con qué se queda.
0:15:09 Usted puede perder entre 300 y 600 calorías por cada lance.
0:15:16 Depende con quién, no? Y cómo.
0:15:19 Hay gente que es un poco económica.
0:15:23 Sí, trabaja poco.
0:15:29 Bueno, hemos ido a comprar Alcauciles,
0:15:34 pero también a la discoteca para buscar un disco.
0:15:41 Adecuado a estas circunstancias.
0:15:44 Y ya que hay un desalojo como final de fiesta,
0:15:48 escucharemos la milonga llamada El Desalojo,
0:15:51 que canta a Dondo Riviero y que se refiere,
0:15:53 casi seguramente, al egreso de Madan de Barré
0:15:58 de El Palacio Versal.
0:16:01 Así que, meta leno más, no, Leonel.
0:16:05 El buscao con el aviso, me la dio por la cabeza,
0:16:21 nunca esperé tal sorpresa.
0:16:24 Mi suerte ingrata lo quiso.
0:16:27 Me dice en un entrepiso, yo me encontraba con dios,
0:16:32 al ver siéntale encargado, y saludar con alegría.
0:16:38 Pero hoy, y no buenos días, al encontrarme me ha dado.
0:16:44 Al rato vi mi moblaje,
0:16:52 ventilado por la escalera, la guitarra, la piacrera,
0:16:57 el colchón viejo y el traje, y después todo el menaje,
0:17:02 dentro la mesa y pf, de un eláctico de pleje que dice,
0:17:08 desde Turquía, y quiere de una tía que se murió en cruz de leje.
0:17:18 A pena de diez, tres años, ya le goza frijadía,
0:17:22 de suerte la vida mía, siempre, siempre les engaño.
0:17:26 Los ojos de los extraños, relan pa' que va el degoso,
0:17:31 y el vigilante curioso dijo, mostrando las viendas,
0:17:37 que va a decirla de enfrente al ver su mueble lujoso.
0:17:48 Y en la vereda marchita, mi pobre esposa quedaba,
0:17:53 y yo sé bien que celular los ajitos, de cinita.
0:17:58 Yo que te ateneñe a jita, este por ser angérito,
0:18:03 a que el dorado marchito, que siempre me acompaña,
0:18:10 que el llangador me afanau con tu estampa, Che Carlito.
0:18:23 En la venganza será terrible, hemos escuchado el desalojo
0:18:27 de Francisco Amor y Alberto Acuña en la voz del Mundo Rivera.

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