Comentario #69048

Viyi
Viyi el 25 de febrero de 2017 12:48 en La venganza será terrible del 22/02/2017 dijo:

Observo que, en general no en lo particular, las "opiniones" aquí vertidas expresan dos mecanismos : cuando es conveniente lo que expresa A.D. o B. es "propio del personaje". Cuando no conviene, se usa como referente autorizado por su veracidad, "Dolina dijo, Barton dijo, ya dijeron".
La cuestión es fortalecer argumentos o tendencias o caprichos o gustos propios, tomando del arsenal discursivo, cuanto favorezca apariencia y cualidad de pensamiento "lógico", pero falso (¿importa?).
Ese tercer integrante, parece investir un halo de idus... Y los idus no eran malos, hasta que tuvieron que cargar con la muerte de César. Pero seguían siendo buenos, porque César fue avisado, lo bueno pretendió influenciar impidiendo lo malo... El sueño de la mujer que lo amaba y el adivino, oraculares... Fue César no el destino, de todas las probabilidades él eligió con fatalismo, desafío o descuido de un viejo agotamiento. Con risas le dijo a una de las voces de los idus buenos: «Los idus de marzo ya han llegado»; a lo que el vidente contestó compasivamente: «Sí, pero aún no han acabado».
Desde otra perspectiva, el tercer integrante puede parecer, el chivo expiatorio de las Mamuralias.
Hay que creerle a los etruscos, que idus invoca y evoca la noche completamente clara, la plenitud de la Luna que concede iluminación y brillo al corazón de la Noche para siempre. La promesa de un "mañana" y un mañana de luz.
La presencia de la idea del tercer integrante, como una ilusión, una concesión a los dioses y a las musas, un último acto de fe... como una reverencia. O, la reverencia, mutada en despedida; la última oportunidad del desarrollo de cierto carácter del programa o su abandono. Entrar en "la murga del tiempo" y bailar con la música que toque.
El destino es como una geisha que abre sus abanicos, muestra y oculta "entre", dice y calla "entre", pero fascina : el pensamiento se vuelve cazador capturado.
Un límite puede tener muchas formas, pero al final es lo que pretende ser, límite.
O el destino puede ser la geisha que con la magia y arte de la danza va atravesando la discreción del kimono, "como si" se desnudara - el desnudo sería vulgar, lo anti arte - como si se quitase uno a uno sus kimonos (velos). Un precioso regalo.
Los sueños son respetables en tanto se luche por concretarlos.
El Destino, lo sabe.