Comentarios (44)

Daniel Franz
Daniel Franz el 5 de octubre de 2016 07:59 en La venganza será terrible del 28/09/2016 dijo:

Está bueno el cuento Mariano, pero ¿la religión se arrodilló y oró? Mmmm tal vez me hubiera gustado algo más activo. Aunque claro, ¿cuánto tiempo tenía para identificarse? Está bien, es un cuento, es un cuento…

Recuerdo que Gandhi decía que Ahimsa (no-violencia) no quiere decir que nos alejemos cuando vemos que se va a producir una pelea, sino dar la vida –si es necesario- para evitarla.

Al margen de este apunte, es muy bueno que haya traído a la arena de VDP a Tony de Mello, el maestro indiscutido del cuento de contenido espiritual. Sacerdote jesuita y psicólogo, supo tener sus problemas con la Iglesia a la que pertenecía, en particular con el entonces cardenal Joseph Ratzinger, quien censuró gran parte de sus escritos. Evidentemente no era fácil de digerir por parte de las autoridades eclesiásticas su interpretación excesivamente libre de las escrituras, así como su cercanía y aprecio por otras formas religiosas, en particular el budismo zen.

Tal vez el Papa Bergoglio, a quien veo con una visión espiritual más amplia y madura que la de sus antecesores (y que además pertenece a su misma orden), pueda entender mejor y hacer justicia con de Mello.

Daniel Franz
Daniel Franz el 5 de octubre de 2016 08:09 en La venganza será terrible del 28/09/2016 dijo:

Otro cuento del Tony, que aprecio mucho (tanto al cuento como al Tony):

Durante años fui un neurótico.
Era un ser angustiado, deprimido y egoísta.
Todo el mundo insistía en decirme que cambiara.
No dejaban de recordarme lo neurótico que yo era.
Y yo me ofendía, aunque estaba de acuerdo con ellos.
Deseaba cambiar, pero no acababa de conseguirlo por mucho que lo intentara.

Mi mejor amigo tampoco dejaba de recordarme lo neurótico que estaba.
También insistía en la necesidad de que yo cambiara.
Yo también estaba de acuerdo y no podía sentirme enojado con él.
Me sentía impotente y atrapado.

Pero un día mi mejor amigo me dijo:
“No cambies. Sigue siendo tal como eres. En realidad no me importa que cambies o dejes de cambiar. Yo te quiero tal como eres y no puedo dejar de quererte”.

Aquellas palabras sonaron en mis oídos como música:
“No cambies. No cambies …. Te quiero tal como eres…”

Entonces me tranquilicé. Y me sentí vivo.
Y, ¡oh maravilla! ¡Cambié!